05 Nov «lo que nadie me contó sobre la menopausia»
Hace unos días, una paciente me escribió algo que me conmovió profundamente.
Contaba cómo, en su adolescencia, tuvo que buscar sola respuestas sobre su sexualidad. Y ahora, en la madurez, se ha vuelto a sentir sola… al descubrir la atrofia y la sequedad vaginal.
Nadie le habló de esto.
Y tiene razón: hablamos mucho de los sofocos, pero casi nada de lo que realmente cambia en la vagina con la menopausia.
Por eso hoy quiero invitarte a leer su testimonio completo, porque cada palabra suya es una llamada a romper el silencio.
Hablemos de la sequedad vaginal. Porque callarlo… también duele.

El testimonio de una mujer valiente
“En mi adolescencia tuve que buscar un libro que me explicase algo sobre la sexualidad femenina. Fue muy difícil encontrarlo.
Lo logré y descubrí el porqué de mis deseos y la función de mis genitales, existía la masturbación femenina. Respiré aliviada: yo no era ningún bicho raro. Ninguna amiga quiso antes ni después hablar sobre el tema. ¿Tabú o yo era precoz?”
“Con la menopausia iba preparada. Todo el mundo hablaba ya de los sofocos, los abanicos funcionaban hasta en las salas de cine, se comentaba al respecto, se gastaban bromas sobre los calores… daba mucho de sí el tema y siempre con risillas por en medio. Era a viva voz. Apenas la sufrí. Tuve suerte, estuve en buenas manos.”
“Lo que nadie me comentó, ni leí, ni escuché entre corros de mujeres, ni en redes sociales —las controlo aunque no soy asidua— fue sobre el tema de la sequedad vaginal. Me pilló de sorpresa a los 62 años, tal vez por no tener pareja o por hacer más caso al clítoris.”
“Fue en una revisión ginecológica, después de chillar en el potro por dolor, cuando leí en el informe:
‘Vulva: Atrofia +. Vagina: Atrófica.’
Esa palabra me dejó helada. Nadie me había avisado de este tema. Todavía hoy me cuesta entender que no se hable apenas sobre él y no se informe a las mujeres.”
“Tal vez yo no estuve a la altura y desatendí mi cuerpo. Aun así me gusta contar e intercambiar opiniones, por ello deseo que no ocurra a otras mujeres lo que a mí me ha ocurrido. Falta comunicar que la menopausia, además de los calores, conlleva un declive de estrógenos que puede causar atrofia vaginal.”
“Ojalá que este tema se hable más en ponencias médicas, conferencias sobre menopausia, consultas médicas, entre las mujeres… pero sobre todo creo que sería muy importante que desde la adolescencia se informara a las jóvenes del recorrido que tendrá su cuerpo, en especial su vagina, en cada etapa de su desarrollo vital.”
“Un hermoso túnel por el que desembarcamos en lo que será nuestra vida debe ser admirado, conocido, mimado y respetado. Apostemos por prevenir la sequedad vaginal. Hablemos de ella, comuniquemos.”
“Aprovecho para dar las gracias a todas las mujeres que nos han antecedido y han sufrido en silencio lo que hoy sí podemos sanar, subsanar o tratar.
El silencio nos hará daño, contémonos, por favor.”
Romper el silencio también es cuidarse
Este testimonio nos recuerda algo esencial: el cuerpo femenino cambia, y necesita ser acompañado con información, empatía y cuidado.
La atrofia y la sequedad vaginal son efectos comunes del descenso de estrógenos durante la menopausia, pero no son inevitables ni deben vivirse en silencio.
Existen tratamientos seguros y eficaces —locales, hormonales o no hormonales— y, sobre todo, hay un enorme poder en hablarlo entre nosotras, en preguntar, en no aceptar el dolor como algo “normal”.
Informar es sanar.
Nombrar lo que duele es el primer paso para cuidarnos.
Hablemos de la sequedad vaginal. Porque callarlo… también duele.